La Coctelera

Categoría: gotico

darkly darkly , venus aversa

ya va a ser un año de que  no publico nada en la coctelera..

en fin esque el facebook absorbe mucho de mi ^^

cradle of filth nuevo CD y viene a MEXICO!!!

esas si que son buenas noticias

lista de canciones del disco Cradle Of Filth: Darkly, Darkly, Venus Aversa

Disc 1: 01. The Cult of Venus Aversa

02. One Foul Step From the Abyss

03. The Nun with the Astral Habit

04. Church of the Sacred Heart

05. The Persecution Song

06. Decieving Eyes

07. Lilith Immaculate

08. The Spawn of Love and War

09. Harlot on a Pedestal

10. Forgive Me Father (I Have Sinned)

11. Beyond the Eleventh Hour

Disc 2:

01. Beast of Extermination

02. Truth & Agony

03. Mistress from the Sucking Pit

04. Behind the Jagged Mountain

LINK DE DESCARGA :

http://www.mediafire.com/?wh8vac6l0x5udgp

.un relato mas.

No consigo conciliar el sueño hay tantas preguntas en mí que me atormentan cruelmente, me levanto y miro por la ventana , hay una luna hermosa, quiero verla desde fuera ,camino hacia mi puerta intentando no tropezar con algo , bajo por las escaleras de caracol, no hay ninguna luz encendida, todo luce más tenebroso de noche que de día, pero eso a mí no me inmuta en lo más mínimo, al fin estoy afuera, camino hacia un viejo columpio, me siento en él y contemplo esa bella luna, empiezo a columpiarme suavemente, el movimiento de me arrulla lentamente.


No sé cómo, pero, ya estoy en mi recamara, acostada en la cama, intento moverme, no puedo, pruebo con gritar pero es absurdo, no logro articular ninguna palabra, todo esto me es tan extraño, pienso que tal vez esto resulte ser parte de un sueño, un mal sueño que me absorbe por dentro.
Percibo el rechinar de la puerta principal, la curiosidad de saber quién es invade mis pensamientos, sigo sin poder emitir sonido alguno, puedo oír murmullos y sollozos, ¿qué es lo que pasa?, escucho una voz, una voz que me suena muy familiar, hago todo lo posible por moverme de esta cama, creo y es inútil, hay un gran peso sobre mí que me lo impide, el bullicio aumentó, mi curiosidad se hace más grande y al fin logro moverme, no dudo ni un segundo y bajo rápidamente para ver qué es lo que sucede, desde las escaleras de caracol alcanzo a ver familiares, amigos y personas que nunca en mi vida he visto, apresuro el paso, tropiezo y me desvanezco, nadie lo noto.

arte gotico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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corazon delatador (1843)

¡Cierto! Soy nervioso, terriblemente nervioso. Siempre lo he sido y lo soy, pero, ¿podría decirse que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, no los había embotado ni destruido. Sobre todo, tenía el sentido del oído agudo. Oía todo sobre el cielo y la tierra. Oía muchas cosas del infierno. ¿Cómo voy a estar loco, entonces? Escuchen y observen con cuánta tranquilidad, con cuánta cordura puedo contarles toda la historia.

Me resulta imposible decir cómo surgió en mi cabeza esa idea por primera vez; pero, una vez concebida, me persiguió día y noche. No perseguía ningún fin. No estaba colérico. Yo quería mucho al viejo. Nunca me había hecho nada malo. Nunca me había insultado. No deseaba su dinero. Creo que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre. Era un ojo de un color azul pálido, con una fina película delante. Cada vez que posaba ese ojo en mí, se me enfriaba la sangre; y así, muy gradualmente, me fui decidiendo a quitarle la vida al viejo y librarme así aquel ojo para siempre.

Pues bien, así fue. Ustedes creerán que estoy loco. Pero los locos no saben nada. En cambio yo... deberían haberme visto. Deberían haber visto con qué sabiduría procedí, con qué cuidado, con qué previsión, con qué disimulo me puse a trabajar. Nunca había sido tan amable con el viejo como la semana antes de matarlo. Pero eso sí: cada noche, cerca de medianoche, yo hacía girar el picaporte de su puerta y la abría, con mucho cuidado. Y después, cuando la había abierto lo suficiente como para pasar mi cabeza, levantaba una linterna cerrada, completamente cerrada, de modo que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Cómo se habrían reído ustedes si hubieran visto con qué astucia pasaba la cabeza! La movía muy despacio, muy lentamente, para no molestar el sueño del viejo. Me llevaba una hora meter toda la cabeza por esa abertura, hasta verlo durmiendo en su cama. ¡Ja! ¿Podría un loco actuar con tanta prudencia? Y luego, cuando mi cabeza estaba bien dentro de la habitación, abría la linterna con cautela, con mucho cuidado (porque las bisagras hacían ruido), hasta que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Hice todo esto durante siete largas noches, cada noche cerca de las doce, pero siempre encontraba el ojo cerrado y era imposible hacer el trabajo, ya que no era el viejo quien me irritaba, sino su ojo. Y cada mañana, cuando amanecía, iba sin miedo a su habitación y le hablaba resueltamente, llamándole por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Por tanto verá usted que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que cada noche, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

La octava noche, fui más cuidadoso aún cuando abrí la puerta. El minutero de un reloj se mueve más rápido de lo que se movía mi mano. Nunca antes había sentido el alcance de mi fuerza, de mi sagacidad. Casi no podía contener mi impresión de triunfo, al pensar que estaba abriendo la puerta poco a poco, y él ni siquiera soñaba con mis secretas acciones e ideas. Me reí entre dientes ante esa idea. Y tal vez me oyó porque se movió en la cama, de repente, como sobresaltado. Pensará ustedes que retrocedí, pero no. Su habitación estaba tan negra como la pez, ya que él cerraba las persianas por miedo a los ladrones; entonces, sabía que no me vería abrir la puerta y seguí empujando suavemente, suavemente.

Ya había introducido la cabeza y estaba para abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló con el cierre metálico y el viejo se incorporó en la cama, gritando:

-¿Quién anda ahí?

Me quedé quieto y no dije nada. Durante una hora entera, no moví ni un sólo músculo y mientras tanto no oí que volviera a acostarse en la cama. Aún estaba sentado, escuchando, como había hecho yo mismo, noche tras noche, escuchando los relojes de la muerte en la pared.

Oí de pronto un leve quejido y supe que era el quejido que nace del terror, no era un quejido de dolor o tristeza. ¡No! Era el sonido ahogado que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Yo conocía perfectamente ese sonido. Muchas veces, justo a medianoche, cuando todo el mundo dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su temible eco, los terrores que me enloquecían. Digo que lo conocía bien. Sabía lo que el viejo sentía y sentí lástima por él, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Sabía que él había estado despierto desde el primer débil sonido, cuando se había vuelto en la cama. Sus miedos habían crecido desde entonces. Había estado intentando imaginar que aquel ruido era inofensivo, pero no podía. Se había estado diciendo a sí mismo: "No es más que el viento en la chimenea, no es más que un ratón que camina sobre el suelo", o "No es más que un grillo que cantó una sola vez". Sí, había tratado de convencerse con estas suposiciones, pero era en vano. Todo en vano, ya que la muerte, se había deslizado furtiva y envolvía a su víctima. Y era la fúnebre influencia de aquella imperceptible sombra la que le llevaba a sentir, aunque no la veía ni oía, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Cuando hube esperado mucho tiempo, muy pacientemente, sin oír que se acostara, decidí abrir un poco, muy poco, una ranura en la linterna. Entonces la abrí -no sabe usted con qué suavidad- hasta que, por fin, un solo rayo, como el hilo de una telaraña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo del buitre.

Estaba abierto, abierto del todo y me enfurecí mientras lo miraba, lo veía con total claridad, de un azul apagado, con aquella terrible película que me helaba el alma. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, ya que había dirigido el rayo, como por instinto, exactamente al punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que ustedes creen locura es solo mayor agudeza de los sentidos? Luego llegó a mis oídos un suave, apagado y rápido sonido como el que hace un reloj cuando está envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latido del corazón del viejo. Aumentó mi furia, como el redoblar de un tambor estimula al soldado en batalla.

Sin embargo, incluso en ese momento me contuve y seguí callado. Apenas respiraba. Mantuve la linterna inmóvil. Intenté mantener con toda firmeza la luz sobre el ojo. Mientras tanto, el infernal latido del corazón iba en aumento. Crecía cada vez más rápido y más fuerte a cada instante. El terror del viejo debía de ser espantoso. Era cada vez más fuerte, más fuerte... ¿Me entiende? Le he dicho que soy nervioso y así es. Pues bien, en la hora muerta de la noche, entre el atroz silencio de la antigua casa, un ruido tan extraño me llenaba de un terror incontrolable. Sin embargo, por unos minutos más me contuve y me quedé quieto. Pero el latido era cada vez más fuerte, más fuerte. Creí que aquel corazón iba a explotar. Y se apoderó de mí una nueva ansiedad: ¡Los vecinos podrían escuchar el latido del corazón! ¡Al viejo le había llegado la hora! Con un fuerte grito, abrí la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez, sólo una vez. En un momento, lo tiré al suelo y arrojé la pesada cama sobre él. Después sonreí alegremente al ver que el hecho estaba consumado. Pero, durante muchos minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Sin embargo, no me preocupaba, porque el latido no podría oírse a través de la pared. Finalmente, cesó. El viejo estaba muerto. Quité la cama y examiné el cuerpo. Sí, estaba duro, duro como una piedra. Pasé mi mano sobre el corazón y allí la dejé durante unos minutos. No había pulsaciones. Estaba muerto. Su ojo ya no volvería a molestarme.

Si aún me creen ustedes loco, no pensarán lo mismo cuando describa las sabias precauciones que tomé para esconder el cadáver. La noche avanzaba y trabajé con rapidez, pero en silencio. En primer lugar descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, los brazos y las piernas. Después levanté tres planchas del suelo de la habitación y deposité los restos en el hueco. Luego coloqué las tablas con tanta inteligencia y astucia que ningún ojo humano, ni siquiera el del viejo, podría haber detectado nada extraño. No había nada que limpiar; no había manchas de ningún tipo, ni siquiera de sangre. Había sido demasiado precavido para eso. Todo estaba recogido. ¡Ja, ja!

  Cuando terminé estas tareas, eran las cuatro... pero seguía oscuro como medianoche. Al sonar la campanada de la hora, golpearon la puerta de la calle. Bajé a abrir muy tranquilo, ya que no había anda que temer. Entraron tres hombres que se presentaron, muy cordialmente, como oficiales de la policía. Un vecino había oído un grito durante la noche, por lo cual había sospechas de algún altercado. Se había hecho una denuncia en la policía, y los oficiales habían sido enviados a registrar el lugar. Sonreí, ya que no había nada que temer. Di la bienvenida a los caballeros. Dije que el alarido había sido producido por mí durante una pesadilla. Dije que el viejo estaba fuera, en el campo. Llevé a los visitantes por toda la casa. Les dije que registraran, a que registraran bien. Por fin los llevé a su habitación, les enseñé sus caudales, seguros e intactos. En el entusiasmo de mis confidencias, llevé sillas al cuarto y les dije que descansaran allí mientras yo, con la salvaje audacia que me daba mi triunfo perfecto, colocaba mi silla sobre el mismo lugar donde reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se mostraron satisfechos. Mi forma de proceder los había convencido. Yo me sentía especialmente cómodo. Se sentaron y hablaron de cosas comunes mientras yo les contestaba muy animado. Pero, de repente, empecé a sentir que me ponía pálido y deseé que se fueran. Me dolía la cabeza y me pareció oír un sonido; pero ellos se quedaron sentados y siguieron conversando. El ruido se hizo más claro, cada vez más claro. Hablé más como para olvidarme de esa sensación; pero cada vez se hacía más claro... hasta que por fin me di cuenta de que el ruido no estaba dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero hablé con más fluidez y en voz más alta. Sin embargo, el ruido aumentaba. ¿Qué hacer? Era un sonido bajo, sordo, rápido... como el sonido de un reloj de pulsera envuelto en algodón. Yo trataba de recobrar el aliento... pero los oficiales no oían nada. Hablé más rápido, con vehemencia, pero el ruido seguía aumentando. Me puse de pie y empecé a discutir sobre cosas insignificantes en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Caminé de un lado a otro con pasos fuertes, como furioso por las observaciones de aquellos hombres; pero el sonido seguía creciendo. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré. Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del suelo, pero el ruido aumentaba cada vez más. Crecía y crecía y era cada vez más fuerte. Y sin embargo los hombres seguían conversando tranquilamente y sonreían. ¿Era posible que no oyeran? ¡Dios Todopoderoso! ¡No, no! ¡Claro que oían! ¡Y que sospechaban! ¡Sabían! ¡Y se estaban burlando de mi horror! Así lo pensé entonces y así lo pienso ahora. Pero cualquier cosa era preferible a esta agonía. Cualquier cosa era más soportable que este espanto. ¡Ya no aguantaba más sus hipócritas sonrisas! Sentía que debía gritar o morir. Y entonces, otra vez, escuchen... ¡más fuerte..., mas fuerte..., más fuerte!

-¡No finjan más, malvados! -grité- . ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esas tablas!... ¡Aquí..., aquí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!

un amor espectral.hasta el final

Para el resto de los mortales, el día comienza con el lento abrir de los ojos, con ese diario debatir entre el olvido del sueño y la aterradora conciencia del día.
Para mí, en cambio, la existencia deja de ser un sueño cuando el ilumina la realidad con su sonrisa.

Ya no recuerdo cuándo lo conocí, ni siquiera si llegué a conocerlo realmente, aunque pienso que fue hace algunas semanas. Las fechas no tienen ningún valor para mí, los días no me envuelven, no pueden contenerme. Yo soy quien domina el tiempo y no al revés. Sé que esto puede sonar extraño, o incluso macabro, pero es la verdad.
Mi relación con el no puede describirse con palabras convencionales, ya que nada hay de convencional en nosotros.

Lo que sí puedo describir es nuestro primer encuentro. Ya he dicho que no puedo recordar cuándo nos conocimos, aunque el resto de aquel día brilla en mis recuerdos con una intensidad cegadora. A veces pienso que nunca abandoné aquella mañana bajo sus ojos, que por alguna extraña ley del destino mi realidad ha quedado suspendida, congelada; repitiendo la misma estúpida secuencia de movimientos.
Es curioso, basta con sentir el amor para que el mundo se detenga, después de ser contemplada por sus ojos, aquella mañana siempre se estará en mi mente, al menos hasta que desaparezca el último que las recuerde.

Era una mañana despejada, el caminaba hacia mí con la mirada perdida. Sus pasos eran seguros, pero sobre sus hombros se adivinaba una carga, algo difícil de definir, pero perceptible. Cuando ya pasaba a mi lado, sus ojos me percibieron, o mejor dicho me atravesaron. Nunca había sentido algo semejante, ya que la gente suele ignorarme alegremente; incluso a veces ciento el impulso de mirarme en un espejo para comprobar que existo, que soy real.
Su mirada duró apenas un instante, luego siguió caminando.

No sé qué lo impulsó a retroceder, nunca me lo dijo, pero lo cierto es que sentí sus pasos firmes mientras venía hacia mí.
No alcé la mirada, no quería incomodarlo con la visión por demás desagradable de mi rostro. Dejé que se acercara sin invadirlo. Se sentó frente a mí en el pasto, y dijo:

_eres linda…

Mis ojos estaban clavados en el pasto, no hubiese podido alzarlos aunque el destino del mundo dependiera de ello. Sentía mil palabras agitándose en mi boca, pero mis labios se negaban a abrirse. Supongo que aquel congelamiento duró algunos instantes, aunque no podría asegurarlo. Finalmente, alcancé a articular unas pocas palabras:

_ ¿quien eres?

Silencio. El tampoco me miraba.

_Parece que estamos igual de solos._dijo, mientras arrancaba una flor seca del piso.

Era cierto, al menos en mi caso.
El resto de la mañana la pasamos en silencio. Creo que nuestras presencias nos brindaron cierta calidez. Como si no necesitásemos demasiadas palabras para sentirnos cómodos.
Ya era bien entrada la tarde cuando el finalmente se puso de pie, alisando con manos pálidas su traje negro.

_Creo que voy a volver. Me gusta tu compañía._ dijo, y se fue.

Mi vida se convirtió en un eterno esperar. La ansiedad me corroía por dentro, como un grito que nunca se termina, pero que sigue latiendo en los oídos con un palpitar que no deja lugar para otro pensamiento.

Pasaron los días, o las semanas, hasta que apareció nuevamente.
Su ausencia me había permitido ensayar aquel torbellino de palabras que hubiese deseado decirle.
De nuevo, se sentó en el pasto, frente a mí.

_ ¿Siempre estás aquí?_preguntó.

Estaba por responder que sí, cuando comenzó a reírse.

_ ¡Perdón!_ dijo._A veces hago chistes malos cuando los nervios me invaden…

Creo que me sentí halagado; que alguien con su belleza se sienta nervioso en mi compañía me pareció el mejor de los cumplidos posibles.

_No hay problema. A mí me pasa lo mismo._dije, o creo haber dicho.
_Yo soy
Vlad, encantado, Ambar
_ ¿Cómo sabes mi nombre?

El miraba distraídamente el cielo azul, pensé que lo mejor era hablar de otra cosa, si quería decirme cómo sabía mi nombre, tarde o temprano lo haría, entonces levantó la vista, me miró, y con cierta timidez alzó la mano como para acariciarme el rostro, pero se detuvo.

_ ¿Ya te dije que eres linda, no?
_Si, el otro día, creo...
_Mira, Ambar, me gusta tu compañía, pero no sé, me parece extraño todo esto. No sé que me pasa; debo estar loco por hablar con tigo, a veces creo que tengo algo malo adentro, como si todo me doliese el doble que a los demás...

El se rasco la cabeza, y pude ver las marcas en sus muñecas.

_Me duele el mundo, ambar. ¿Me entiendes?
_Si.
_¿Me vas a ayudar?

Durante un segundo sentí algo extraño, no era terror, sino como los ecos de una pesadilla que durante la mañana apenas recordamos.
_¿Ayudarte? ¿Con qué?
_Solo no puedo. Ya lo intenté, pero no pude. Cada segundo que pasa es peor, no puedo pensar en otra cosa. Necesito tu compañía para hacerlo.

Después de esto, ya no habló. Yo, por mi parte, elaboré una serie incontable de argumentos, le expliqué que era una locura, que era joven, que seguramente había miles de cosas por las cuales vale la pena levantarse cada mañana. Lo dije todo, y El seguía con los ojos en el cielo, ignorando mis palabras.

-Voy a entrar esta noche, tarde, cuando los guardias estén durmiendo. Por favor, necesito que me ayudes, ambar.

Y se fue, sin regalarme el resplandor de sus ojos; las sombras se alargaron pero al fin llegó la noche.
Me he jurado que no voy a ayudarlo, no podría aunque quisiera. Dicen que el amor es desear para el amado una felicidad completa, aún cuando esa felicidad nos excluya. Yo no creo que este sea el caso, lo amo y lo necesito vivo; necesito su sonrisa, sus ojos, simplemente lo necesito porque sin el soy solo una Sombra.

Después de todo, ¿cómo podría ayudarlo? ¿Con qué manos podría sostener las suyas mientras su vida se derrama sobre la hierba? Si pudiese lo golpearía, le haría ver que el mundo merece nuestras lágrimas, que una flor seca y muerta alcanza para justificar la más honda de nuestras melancolías, que sufrir es un don del cual no debemos renunciar , que nuestra tristeza debe acompañarnos, que la verdadera pesadilla, el verdadero horror, consiste en no sufrir.

Pero sé que es inútil, Vlad ha tomado su decisión y yo no puedo cambiarla, no en éstas condiciones. Si hubiese un corazón en este vacío, si fuese aire el que respiro, si fuese sangre la que fluye en mis venas, creo que sí podría detenerlo. Pero soy una sombra, una de las tantas que viven en éste cementerio, flotando entre cruces y epitafios; tratando de evocar la tersura de una caricia, de un beso, de una mirada...

No sé porqué me eligió para regalarme el tesoro de su compañía, aunque sospecho que ha sentido lástima al observar mi foto, al contemplar mis ojos suicidas, o tal vez, simplemente, le ha gustado el nombre que puede verse en mi lápida.

Ya lo veo saltar el muro, viene hacia mi supongo que lo único que puedo hacer es acompañarlo por la eternidad.

obscura pasion por la sangre

NO SE SI ALGUNA VEZ O TODA LA VIDA HAN SENTIDO UNA SUMA ATRACCION POR LA SANGRE, LOS CADAVERES Y NO POR MORVO COMO MUCHOS SINO ALGO NATO , ESA SENSACION CON LA QUE HAN VIVIDO SIEMPRE , UN DECEO INSASIABLE DE VER CADAVERES ENSANGRENTADOS ,ASECINADOS BRUTALMENTE....PUES SI ES ASI SIGAN LEYENDO ESTO...

Hoy en día el "GORE"(SANGRE), esta corriente forma parte de una cultura que tiene su vehículo de expresión en múltiples medios como el cine, los libros, comics, y actualmente en Internet. En este último soporte es quizás donde menos controlado esté, y donde se pueden encontrar fotos reales de gente degollada, accidentes, etc...
No obstante, su medio de expresión más afamado es el cine, que tuvo sus comienzos en los nudies, películas cuyo atractivo era la muestra de piel femenina, y su primer ejemplo fue "The Immoral Mr. Teas" (1959) dirigida por Russ Meyer. Pero el verdadero precursor de este género es sin duda el director Herschell Gordon Lewis, que en 1963 dirigió la película "Blood Feast"(primer film realmente gore de La historia del cine) y en 1964 hizo "2000 Maníacos". Otras dos películas que marcaron un hito en la historia del cine gore fueron "La Matanza De Texas" rodada en 1974 por Tobe Hooper y "Posesión Infernal" (1982) de Sam Raimi. Aquí, la nueva generación empieza a mostrar el descontento con la sociedad en la que viven y podemos hablar de un gore reivindicativo, de crítica social, donde la sangre se mezcla con ironía y un toque de humor negro, como el claro ejemplo de "Pesadilla En Elm Street"(1984) de Wes Craven.

Al igual que en el cine el genero gore a invadido a la musica un claro ejemplo es una excelente banda llamada canibal corpse.

PERSONALMENTE YO ME IDENTIFICO CON EL GORE SOY UNA AMANTE OBSCURA DE LOS MUERTOS, DE LA SANGRE, DE LOS CADAVERES ....

**tú**

No puedo borrar de mí tus suaves labios,

El pecado esta en mi blanca piel,

Se que solo en sueños podré matarte

Pero en mi realidad no podré olvidarte,,

es difícil, me duele y no se porque

quiero desaparecer ,huir de este maldito

dolor que me consume ,

mis ojos lloran por temor

temor de no volver a verte ,

mis manos temerosas

de no volver a tocarte

solo me queda el recuerdo

un recuerdo de un cuerpo descomunal

con la tristeza y la soledad se tatúo mi rostro

de cuando me dijiste adiós

te amare por una eternidad

aunque te guarde como una bella fantasía

que me tortura cada dia.

//memories//